
¿No te ha pasado alguna vez que justo cuando has cerrado la visera del casco se te ha estrellado un abejorro por decir algo gordo y grande? A mí sí, ¡¡¡y más de una vez!!! Lo que me hace pensar en que le tengo que subir el sueldo a mi “Ángel de la Guarda” porque siempre me libra de una buena de incalculables consecuencias…